La idea inicial de este proyecto era contar, desde distintos puntos de vista y enfoques, la historia del flujo continuo de refugiados y "solicitantes de asilo" que hacen escala en las estaciones italianas de Bolzano y Brennero antes de continuar su viaje por Austria y hacia el norte Europa.
Sin embargo, nos dimos cuenta de que necesitábamos cambiar el punto de vista y ampliar el alcance. Era importante añadir una perspectiva histórica y geográfica que contase con los inicios de Brennero como frontera estatal así como con otras experiencias.
Un ejemplo es el del pueblo de Ventimiglia, situado en la frontera costanera con Francia, y Lampedusa, una pequeña isla italiana de apenas 20 km² situada frente la costa de Túnez y que en los últimos años se ha convertido en uno de los puntos más masificados de llegada de migrantes.
Para recorrer el escenario actual, el trabajo se ha centrado en los acuerdos de Schengen, el marco legal de libre movimiento de personas entre los países miembros, y sus consecuencias.
'Europa Dreaming' es un proyecto en el que investigadores, antropólogos, periodistas, fotógrafos y diseñadores ofrecen su punto de vista para contextualizar los sucesos de hoy ¿en relación al sueño de la libre circulación europea?.
Es primavera de 2016 y la estación tirolesa de Brennero, situada en Italia, posiblemente volverá a ser una frontera. "Una línea fronteriza oficialmente reconocida y equipada en muchos casos de sistemas defensivos", según el Treccani - Enciclopedia Italiana de Ciencia, Letras y Artes -. Pero, comparado con el pasado, a efectos prácticos ahora la frontera ya no divide las poblaciones vecinas ni controla el comercio entre los estados contiguos, Italia y Austria. Actualmente el objetivo explícito de esta frontera es controlar la afluencia de personas que entran en el país provenientes de otros continentes, desde lugares situados a miles de kilómetros.
La decisión de reintroducir los controles fronterizos entre estos dos países ha sido denominada por la prensa italiana como "el fin del sueño de Schengen". Pero este reportaje ofrece otra perspectiva. El Acuerdo Schengen, que tenía el cometido de crear un espacio de libre circulación dentro de la Unión Europea, se ha traducido esencialmente - y desde el principio- en vigilancia policial. La caída de las fronteras interiores implicó "reforzar el control de las fronteras exteriores". No es casualidad que en 1995, el mismo año en que entró en vigor, se construyese la primera pared de Europa financiada por UE: las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla.
(A. Langer, 1995)
La frase anterior la formuló el periodista italiano Alexander Langer en la emisora Radio Radical de la ciudad de Ventimiglia, situada en la frontera franco-italiana. En el audio original se puede distinguir de fondo las protestas de los refugiados bosnios a los que se les había impedido seguir su camino hasta Francia. Era junio de 1955 e Italia estaba tratando de adaptarse a las normas establecidas por el acuerdo de Schengen, cuya intención más allá de eliminar las barreras internas, era construir la 'fortaleza europea'.
"Por enésima vez el fenómeno de la migración recae en los agentes policiales, aprovechando su sentido del deber y de su espíritu humanitario. Esto, sin embargo, no nos exime de expresar ciertas opiniones. Los ciudadanos, preocupados por la falta de acción de los políticos, asumen que la actuación política es una especie de 'alivio' social y olvidan que el tema en cuestión no es un problema de seguridad ni uno que pueda resolver la policía".
(Mario Deriu, secretario regional del Sindicato Italiano Unitario de Trabajadores de la Policía (SIULP))

(A. Langer, 1995)
Alexander Langer no fue un profeta, simplemente estuvo atento a los problemas importantes, aquellos que ponían en riesgo el futuro de Europa. La llamada 'crisis migratoria' hace veinte años que existe en el continente. Y en este tiempo la Unión Europea se ha dedicado a construir muros inútiles y perjudiciales.
Las vallas de Ceuta y Melilla, como el resto, no han solucionado el problema. La falta de respuesta para afrontar la realidad y la dimensión del asunto desde una perspectiva política de consenso ha desencadenado las consecuencias actuales. Las señales, sin embargo, hace tiempo que están presentes en forma de de titulares y vídeos testimoniales.
(A. Langer, 1995)
Austria ha decidido reintroducir los controles fronterizos a lo largo del paso de Brennero. ¿Tendrá consecuencias positivas esta decisión? Nadie posee una bola de cristal, pero una mirada al pasado puede ayudar a comprender la envergadura de la problemática. Brennero sirve desde la Primera Guerra Mundial, como lugar de paso entre Italia y Austria. Desde entonces, no solo la han cruzado turistas: sobre todo han sido personas que huyen de la guerra, dictaduras o simplemente de la miseria. Ha sido cruzado por refugiados al final de la Gran Guerra, por personas que optaban a la nacionalidad alemana poco antes de la Segunda Guerra Mundial, por los judíos destinados a los campos de exterminio a principios de 1943, y, de nuevo, por ejércitos en ruta y prisioneros de guerra.
Finalmente, 40 años después, los refugiados tienen que volver a cruzarlo. Primero fueron los que provenían de la Guerra de los Balcanes y ahora del resto del mundo. Asimismo, entre el final de la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Bosnia, Brennero fue también un lugar de paso de cientos de miles de trabajadores italianos que buscaban fortuna en Alemania y que, en muchas ocasiones, la encontraron. Los hechos y los números demuestran todo esto y, por encima de todo, ofrecen una perspectiva diferente de lo que ocurre hoy en día.
La Primera Guerra Mundial estalló el 28 de julio de 1914 con la declaración de guerra del Imperio Austrohúngaro al Reino de Serbia. Un mes después del asesinato en Sarajevo del heredero de la corona del imperio austrohúngaro, Francisco Fernando de Austria. Cuatro años después, el 11 de noviembre de 1918 se firmaban los acuerdos de paz.
Antes de la guerra Brennero había sido atravesado por cientos de miles de italianos que marchaban hacia el imperio alemán en busca de trabajo. El censo de 1907 registraba 115.000 trabajadores italianos en Alemania y para el 1913 esta cifra ya había aumentado a 170.000. Durante la Guerra, Brennero fue cruzado por tropas, refugiados y ejércitos.
El Tratado de Saint-Germain-en-Laye fue firmado estableciendo una nueva frontera estatal en el paso de Brennero. Las partes del Tirol incluyendo el municipio de Cortina d'Ampezzo y las provincias autónomas de hoy de Bolzano y Trento fueron anexadas al Reino de Italia.
En las dependencias del Hotel Victoria, situado frente la estación de Bolzano se inauguró el 'Hospicio Bonomelli' para dar asistencia a los migrantes. Un busto de Bonomelli preside el lugar junto a una inscripción que indica: "La caridad le llevó a fundar este hospicio para que los trabajadores migrantes de estas dos pacíficas y prosperas razas, que viven entre la frontera invisible que delimita Italia, puedan encontrar refugio, asistencia y conforte en su nombre".
A lo largo del 1927 el Hospicio de Bonomelli había distribuido 5.000 raciones de comida y albergaba 7.063 migrantes de forma gratuita.
Alemania solicitó a la embajada italiana en Berlín contratar a un pequeño contingente de obreros de 2.500 efectivos. La petición especificaba que estos debían llegar por la frontera del Tirol del Sur. El 3 de diciembre de 1937 se establece que en el próximo año el número de trabajadores ascenderá a 10.000 y posiblemente hasta 30.000.
A lo largo de 1938, 31.071 trabajadores salen del país para dirigirse a Alemania. Una cifra que incrementó a 36.000 en 1939 y para el 1940 ya alcanzaba las 50.000 personas. Además de los mencionados, 9.500 más se abrieron camino hacia Alemania para servir como trabajadores de la construcción y minería.
La población alemana y ladino del Tirol del Sur se vieron obligados a eligir si deseaban convertirse en ciudadanos alemanes y desplazarse a territorios del Tercer Reich o permanecer como ciudadanos italianos sin que el estado los reconociese como una minoría lingüística. Los que eligieron partir hacia Alemania se llamaron ‘optants’. El plazo límite para decidirse era el 31 de diciembre de 1939. A principios de 1940 los primeros trenes especiales comenzaron a transferir 'optants' al otro lado del paso de Brennero. En total, cerca de 75.000 personas emigraron.
La invasión de Polonia por parte de las tropas alemanas marca el inicio de la Segunda Guerra Mundial.
Antes de ser deportado desde Brennero hacia Auschwitz, el escritor Primo Levi envía una postal a su familia.
Con la rendición de las fuerzas armadas alemanas llega el final de la Segunda Guerra Mundial. En los siguientes meses refugiados, prisioneros de guerra, incontables 'optants' y judíos que habían sobrevivido a los campos de concentración cruzan a través del paso de Brennero.
Primo Levi retorna a su país: "Por la noche nos dirigimos a través del paso de Brennero que habíamos cruzado camino al exilio 20 meses antes: en un tumulto de alegría con nuestros no tan exhaustos compañeros;
Leonardo y yo en un silencio lleno de memoria. De las 650 personas que se fueron con nosotras tan solo volvemos tres." (De 'La Tregua').
En 1950 un total de 650.000 personas cruzan la frontera a lo largo de la carretera que pasa por Brennero y en los ocho años siguientes este número se eleva a 2 millones.
Durante el mismo tiempo, en tren cruzan la frontera hasta 955.000 personas. Las cifras del tránsito de turistas por el paso de Brennero superan cualquier otro paso fronterizo italiano.
Italia firma un acuerdo con Alemania para la contratación de mano de obra. En 1957, con el nacimiento de la CEE, este pacto fue seguido por el reconocimiento del principio de la libre circulación de trabajadores en los Estados miembros de la Comunidad. Por lo tanto, cada vez más, los italianos se sienten atraídos por las posibilidades que ofrece el auge económico de la industria alemana.
De 1954 a 1962 más de 2 millones de "trabajadores invitados" (Gastarbeiter) viajan a Alemania. Más de 737.700, son italianos. Ellos representan la comunidad más grande, seguido por españoles, griegos y turcos. (Fuente: Migración y política: Westdeutschland - Europa - Übersee 1945-1961)
El semanario alemán 'Der Spiegel celebra un millón de 'Gastarbeiter' o trabajadores invitados.
"A partir de 1990 y hasta 1997 la frontera de Brennero se encuentra en una situación difícil. Durante la guerra en Croacia, Bosnia y Kosovo mis acciones llamaron la atención de los medios de comunicación. Me convertí en un punto de referencia humanitaria para los refugiados por que mis contactos con la policía fronteriza me permitían una cierta cantidad de libertad de movimiento. Recuerdo especialmente una procesión del Corpus Christi que tuvo lugar aquí y otro lado de la frontera. Se habían reunido a personas de once regiones europeas para dar vida a una oración ecuménica en diferentes idiomas y todos los medios de comunicación vinieron a cubrirlo".
"No puedo decir cuántas personas ayudé. Pero por supuesto también tenía que soportar insultos y calumnias. Llegados a cierto punto, me di cuenta que mi apoyo a los refugiados no gustaba a las autoridades institucionales y esto me llevó a abandonar la frontera."
(Testimonio proporcionado por Don Hugo Senoner, en el momento era Pastor de Brennero)
De los más de 600.000 italianos que vivían en Alemania en 1993 más de 27% habían vivido en el país durante más de 30 años y 14% de los 15 a los 30 años.
El Acuerdo de Schengen se firmó con el fin de crear un espacio de libre circulación dentro de la Unión Europea.
Las barreras físicas en la frontera de Brennero se suprimen. El acto oficial es atendido por el ministro del Interior, Giorgio Napolitano, quien carga contra "cualquier retorno de nacionalismos perversos y destructivos", al tiempo que anuncia "un nuevo y fuerte compromiso con la seguridad, en colaboración con Austria, para contrarrestar no sólo organizaciones criminales, sino también a la inmigración ilegal".
Es la primavera de 2016 y Brennero parece convertirse de nuevo en una frontera, "una línea divisoria reconocida oficialmente y equipada con sistemas defensivos" Esta vez, sin embargo, las barreras fronterizas ya no sirven para limitar el espacio en relación a dos estados vecinos ni para reducir el control entre ambos países, sino para controlar el flujo de migrantes que vienen desde otros continentes para encontrar un futuro mejor. La decisión de reintroducir el control fronterizo entre Italia y Austria ha sido definido para muchos periódicos como 'el final del sueño de la zona Schengen".
El objetivo original de la Zona Schengen era establecer un área de libre movimiento para los ciudadanos europeos. Esto llevó a la eliminación gradual de los controles sistemáticos en las fronteras internas, pero también a un fortalecimiento de los controles exteriores. Asimismo, también se desarrolló una política común en materia de visados y solicitudes asilo, una base de datos del SIS -Sistema de Información de Schengen- y se fortalecieron los sistemas judiciales y de cooperación policial. El artículo 20 del Código de Fronteras Schengen suprime los controles internos y establece que: "Las fronteras interiores podrán cruzarse en cualquier momento sin controles sobre las personas, independientemente de su nacionalidad. Sin embargo, mientras que los controles fronterizos sistemáticos se han eliminado, por razones de seguridad interna los Estados miembros podrán realizar controles in situ no continuos y específicos dentro de su propio territorio y en las zonas fronterizas". Por otro lado, el objetivo del Convenio de Dublín es identificar el país responsable de examinar la petición de asilo dentro de la Unión Europea, estableciendo el lugar de entrada como el criterio principal.
En otras palabras, el primer país por el que pasa un migrante es el responsable de tramitar su solicitud de asilo.
La razón oficial es asegurar que al menos uno de los estados miembros se hace cargo del solicitante y que las peticiones no se formulan a la misma vez en varios estados miembros.
Si los migrantes se mueven de forma independiente e irregular, pueden ser relocalizados a su primer país de entrada a través de la identificación de las huellas dactilares en la base de datos de EURODAC.
Pero después de 15 años de intentos y 25 años de 'Dublín', un sistema común de asilo europeo o simplemente un marco común harmonizado está lejos de alcanzarse. Hoy en día, hay muchas organizaciones que piden superar este sistema y construir un nuevo marco que tenga más en cuenta los intereses de los estados miembros y el de las personas que solicitan protección internacional.
(A. Langer, 1995)
Durante 2015 entre 30 y 70 personas lograron cada día cruzar el paso de Brennero y saltar de una forma u otra los controles trilaterales de la policía italiana, austríaca y alemana.
Estamos hablando de entre 2.500 y 3.000 cruces por mes, según la División de Políticas Sociales de la provincia autónoma del Tirol del Sur. Anualmente suman 26.000 y representan el 30% de los refugiados que llegaron a Italia el año pasado según los datos de ACNUR.
Los números y la geografía demuestran con precisión cómo el Tratado de Schengen es el resultado desdibujado de lo que Europa una vez quiso ser. El acuerdo sobre el control de las fronteras exteriores y el consecuente Convenio de Dublín provoca que Europa pierda interés en un factor geográfico clave: la frontera natural de Europa, el mar. Y en particular, el mar Mediterráneo. Probablemente los países del norte de Europa creyeron que era posible descargar el problema en los países mediterráneos. Pero los números demuestran que se equivocaban. Los datos relativos a las llegadas en Italia, Grecia y España se quedan muy por debajo a las solicitudes de asilo en los países del norte de la Unión Europea.
(Los primeros nueve países en función de la cantidad de peticiones)
6 meses
Suecia
Francia
Alemania
Hungría
6 meses es el tiempo medio de espera para procesar una solicitud de asilo en Europa.
Hasta 7 meses
Hasta 7 meses
Hasta 11 meses
Hasta 12 meses
Bélgica
Greecia
Italia
Inglaterra
Chipre
Hasta 12 meses
Hasta 18 meses
Hasta 24 meses
Hasta 36 meses
Hasta 36 meses
6 meses
Suecia
Hasta 7 meses/p>
Francia
Hasta 7 meses/p>
Alemania
Hasta 11 meses
Hungría
Hasta 12 meses
Bélgica
Hasta 12 meses
Grecia
Hasta 18 meses
Italia
Hasta 24 meses
Inglaterra
Hasta 36 meses
Chipre
Hasta 36 meses
A pesar de que la directiva de la Unión Europea establece un máximo de 6 meses para procesar una solicitud de asilo, la realidad de cada país dista de la legalidad. En Chipre, por ejemplo, las peticiones pueden tardar hasta 30 meses adicionales para ser resueltas. La falta de harmonización entre los países miembros en el proceso de inclusión de los solicitantes o de la expulsión, si así lo determina la resolución, hace que el trato ofrecido en un país u otro sea muy desigual.
Tampoco existe una directiva en relación a los servicios de inclusión social, ayuda lingüística y empleo para los solicitantes. Sin condiciones compartidas y homogéneas entre los diferentes estados miembros, será muy difícil frenar la afluencia de migrantes entre las fronteras europeas que buscan la reunificación familiar o un mejor trato durante el proceso que dura una solicitud de asilo.
Para comprender mejor lo que sucede a diario alrededor de una frontera móvil se entrevistaron a los auténticos protagonistas de la odisea: los refugiados que trazan su camino a través de Bolzano y Brennero. La mayoría provienen de Eritrea y buscan alcanzar el norte de Europa. Huyen de su país de origen debido a la dura dictadura militar y con el anhelo de reencontrarse con sus familias en Alemania y Suecia.
El largo viaje implica cruzar la frontera con Sudán y la llegada a Jartum, donde suelen permanecer durante unos meses trabajando para recaudar el dinero necesario para continuar su viaje. Confían en los contrabandistas de Libia y Eritrea para cruzar el Sahara y llegar a Libia. En Trípoli se embarcan para arribar a Lampedusa y continuar por Sicilia, Roma y el paso de Brennero, que es la última puerta que se interpone entre ellos y el norte de Europa.
Dejó su país, Senegal, y quiere agradecer a los italianos y europeos poder estar hoy vivo en vez de estar muerto en el fondo del mar.
De Etiopía a Europa a los Estados Unidos, ¿cómo? No sé exactamente, pero sé que nada es imposible, como cruzar el desierto, el mar Mediterráneo y seguir todavía con vida.
Más de 500 personas en un bote y una mujer da a luz. Los esfuerzos de rescate y su destino cuelgan del proceso de asilo: si Alemania acepta su petición, es una buena noticia, de lo contrario, continuará su peregrinación.
En Eritrea los jóvenes se unen al ejército a los 17 años. Y sirven para toda su vida por 10 euros al mes y sin opción a elegir.
Esta es una de las preguntas que hemos planteado a todos los entrevistados. Entre el largo viaje y los robos sufridos queda muy poco del equipaje original de los migrantes: biblias, y, rara vez, collares y anillos. Muchos de ellos tienen cruces en torno a su cuello, a menudo como símbolo de protección frente a los riesgos y peligros del viaje. También lucen tatuajes diseñados por amigos o por sus propios padres que giran entorno a temas sagrados y que funcionan por doble: como escudos 'protectores' y como vínculo emocional con amigos y familiares.
Entre tantas adversidades, el conjunto de objetos que apelan a la fe y los recuerdos funcionan como una especie de recurso de emergencia capaz de infundir consuelo, fuerza y resistencia. Pero hay objetos más imprescindibles. Es el caso del móvil. Con él escriben a casa y piden información de amigos y familiares que ya han llegado a su destino. El móvil también sirve como almacén de fotografías familiares, los recuerdos más íntimos que los acompañan a lo largo de su recorrido y que apenas quisieron compartir.
(Con el fin de proteger a las personas involucradas, hemos ocultado los rostros de familiares o amigos de los refugiados que accedió a hacerse una foto)
(A. Langer, 1995)
Todo lo escrito hasta ahora señala inevitablemente el tema todavía por resolver ¿Cuál es la Europa de hoy? ¿Qué es lo que quiere llegar a ser? ¿Cómo se ve o imagina a sí misma? Nadie parece tener la respuesta. Durante años con el debate de la moneda única sobre la mesa, Europa se ha visto como un club exclusivo al que solo podían entrar aquellos que cumplían los requisitos mínimos. Nos referimos a los Estados, no a las personas que los integran. Porque mientras tanto, la gente no ha dejado de superar sus límites venciendo muros y vallas a pesar de los peligros. El acuerdo de Schengen y el euro poco han hecho evolucionar Europa.
Mientras los parámetros financieros y económicos siguen en el centro del debate, las fronteras no dejan de fortalecerse. Los últimos 20 años han transcurrido en vano porque Europa ha girado la cabeza al lado contrario del problema al centrarse en el consenso político en vez de solucionar realmente los obstáculos. Y ahora se llega finalmente a un acuerdo, un pacto de profundo resentimiento sedimentado hacia Europa y sus tratados que amenaza reabrir escenarios que ya creíamos haber cerrado. Escenarios que, por encima de todo, están matando el sueño europeo.